¿Qué es la flexibilidad?
¿Por qué es importante ser flexible?
La importancia de la flexibilidad se encuentra en su capacidad para mejorar la calidad de vida y el rendimiento físico de varias maneras como:
Beneficios de una buena flexibilidad:
- Mejora del rendimiento físico y reducción de lesiones: La flexibilidad permite que los músculos se alarguen adecuadamente, aumentando así su rango de movimiento articular. Esto hace que los músculos necesiten menos energía para moverse dentro de este rango, reduciendo el riesgo de lesiones. Por ejemplo, un portero de fútbol con buena flexibilidad puede realizar estiramientos bruscos sin dañar sus músculos, mientras que una limitación en su flexibilidad podría resultar en lesiones durante estos movimientos.
- Disminución del dolor muscular y mejora de la postura: Realizar estiramientos estáticos tras la actividad física ayuda a minimizar las molestias musculares. Además, los estiramientos contribuyen a corregir posturas inadecuadas causadas por la gravedad o el mantenimiento prolongado de posiciones incorrectas, especialmente en personas que permanecen sentadas durante largos periodos.
- Alivio del dolor en la zona lumbar: Estirar los músculos relacionados con la zona lumbar (como isquiotibiales, flexores de cadera, cuádriceps, erectores de la columna y glúteos) promueve la relajación muscular y puede reducir o eliminar los dolores, especialmente los dolores crónicos en la parte baja de la espalda que son comunes en adultos. Esto también implica una menor necesidad de medicación para el dolor, enfocándose más en la prevención y corrección de desequilibrios musculares.
- Mejora de la recuperación post-entrenamiento y coordinación neuromuscular: Estirar incrementa el flujo sanguíneo hacia los músculos, lo que mejora el aporte de nutrientes y acelera la recuperación después del ejercicio. Además, aumenta la velocidad de los impulsos nerviosos, lo que mejora la coordinación entre músculos opuestos.
- Mejora de la coordinación general y prevención de caídas: Ser flexible ayuda en tareas diarias, mejora la coordinación y reduce la probabilidad de caídas, proporcionando a las articulaciones la experiencia necesaria para moverse en su rango completo, lo que es crucial especialmente con el avance de la edad para mantenerse activo y ágil.
La edad y la flexibilidad
La relación entre la edad y la flexibilidad es un tema fascinante que abarca cómo el cuerpo humano se desarrolla y cambia a lo largo de las diferentes etapas de la vida. Desde la infancia hasta la vejez, el grado de flexibilidad de una persona experimenta variaciones significativas debido a múltiples factores fisiológicos y biológicos.
Durante los primeros años de vida, especialmente en la primera infancia (0-3 años), los niños tienen articulaciones muy flexibles. Esto se debe a que el tejido muscular aún es blando y frágil, lo cual permite una gran capacidad de flexión aunque la amplitud de los movimientos sea limitada. A medida que los niños crecen y entran en la edad preescolar (4-5 años), su flexibilidad general mejora gracias al desarrollo y fortalecimiento de sus estructuras musculares y óseas, aunque todavía mantienen cierta fragilidad estructural.
En la etapa escolar primaria (6-10 años), se observa una excelente movilidad articular, pero empiezan a aparecer ciertas limitaciones, como una reducción en la capacidad para abrir las piernas y la extensión de levantar los brazos hacia atrás . Sin embargo, la flexibilidad de la columna vertebral mejora significativamente, alcanzando su punto óptimo entre los 8 y 9 años.
Desde la pubertad (11 años en adelante) se inicia una disminución gradual y constante de la flexibilidad general. Este fenómeno se acelera durante la adolescencia hasta aproximadamente los 30 años y se debe en gran parte a la deshidratación progresiva del organismo, el aumento de los depósitos de calcio en los huesos, la acumulación de tejido adiposo en algunos casos y cambios en la estructura química de ciertos tejidos. A partir de los 30 años, la flexibilidad sigue disminuyendo pero a un ritmo más lento.
A pesar de las variaciones naturales debido a la edad, es crucial incorporar el trabajo de flexibilidad en las rutinas de ejercicio. Ahora explicaremos unos tips para empezar a mejorar la flexibilidad desde «cero».

Cómo trabajar la flexibilidad desde cero
Trabajar la flexibilidad desde cero puede parecer un desafío, especialmente si no se tiene experiencia previa o se cuenta con poco tiempo. Sin embargo, con algunos pasos sencillos y un enfoque gradual, puedes iniciar un camino hacia una mayor flexibilidad y bienestar general. Aquí te explico cómo hacerlo de manera práctico:
- Comienza con ejercicios básicos: No necesitas empezar con movimientos complicados. Opta por estiramientos simples que afecten las principales áreas del cuerpo, como los tobillos, las rodillas, las caderas, la columna vertebral, los brazos y el cuello. Un ejemplo sencillo es el estiramiento hacia los pies mientras estás sentado con las piernas extendidas.
- Rutina diaria corta: Dedica unos 10 minutos cada día a realizar estos estiramientos. Es mejor una práctica breve pero regular que sesiones largas y esporádicas.
- Incrementa gradualmente: A medida que te sientas más cómodo con los estiramientos, intenta profundizar un poco más en cada uno, siempre respetando los límites de tu cuerpo y sin llegar al dolor.
- Calentamiento previo: Antes de empezar a estirar, es aconsejable hacer un poco de calentamiento para aumentar el flujo sanguíneo a los músculos. Esto puede ser tan simple como caminar a paso ligero durante unos minutos o hacer movimientos suaves que impliquen las articulaciones principales.
- Consistencia sobre intensidad: La clave para mejorar la flexibilidad es la consistencia. Es más efectivo estirar regularmente con moderación que hacerlo intensamente de manera esporádica.
- Usa ayudas si es necesario: Si te resulta difícil alcanzar ciertas posiciones, puedes utilizar cinturones de yoga, bloques o incluso una toalla para ayudarte a mantener los estiramientos sin sobrecargar tus músculos.
- Incluye variedad: A medida que progreses, incorpora nuevos estiramientos y varía tu rutina para trabajar diferentes grupos musculares y mejorar tu rango de movimiento en varias direcciones.
- Escucha a tu cuerpo: Es fundamental prestar atención a las señales que te envía tu cuerpo. Si un estiramiento causa dolor, es importante detenerse y ajustar la postura o la intensidad. La flexibilidad debe trabajar gradualmente y sin forzar demasiado las articulaciones o músculos.
- Consulta a profesionales cuando sea necesario: Si tienes condiciones médicas específicas o si los estiramientos causan dolor persistente, lo ideal es buscar el consejo de un profesional como un fisioterapeuta, quien puede ofrecerte orientación personalizada.

Un Ejemplo de rutina de estiramientos
Para comenzar, podrías seguir una rutina simple que incluya:
- Estiramiento de pantorrillas: Apoya las manos en una pared y extiende una pierna hacia atrás, manteniendo el talón en el suelo y la otra pierna flexionada. Siente el estiramiento en la pantorrilla de la pierna extendida.
- Estiramiento de isquiotibiales: Sentado en el suelo, extiende una pierna y flexiona la otra de modo que el pie de la pierna flexionada toque la rodilla de la pierna extendida. Inclínate hacia adelante desde la cadera hacia la pierna extendida.
- Estiramiento de cuádriceps: De pie, dobla una pierna hacia atrás, sosteniendo el tobillo con la mano y acercando el talón a los glúteos, manteniendo las rodillas juntas y la espalda recta.
Siguiendo estos consejos, puedes desarrollar una rutina de estiramientos que mejore tu flexibilidad y contribuya a tu salud general. Recuerda ser constante y paciente, ya verás como la flexibilidad mejorará con el tiempo y la práctica regular.
Espero que te haya sido útil esta información y que nos tengas en cuenta. Lo que te he contado, nosotras lo aplicamos en nuestras sesiones de Ejercicio Funcional en AELIA CLUB, donde si tienes la oportunidad de probar y conocernos, estoy segura de que te encantará!
Lo más importante siempre es, Cuidar de Ti, recuérdalo!





